Icono de la entrada en Jerusalén

«Cuántas veces intenté reunir a tus hijos y no habéis querido» (Mt 23, 37)

Texto bíblico

Cuando se acercaban a Jerusalén y llegaron a Betfagé, en el monte de los Olivos, envió a dos discípulos diciéndoles: «Id a la aldea de enfrente, encontraréis enseguida una borrica atada con su pollino, los desatáis y me los traéis. Si alguien os dice algo, contestadle que el Señor los necesita y los devolverá pronto». Esto ocurrió para que se cumpliese lo dicho por medio del profeta: «Decid a la hija de Sión: “Mira a tu rey, que viene a ti, humilde, montado en una borrica, en un pollino, hijo de acémila”». Fueron los discípulos e hicieron lo que les había mandado Jesús: trajeron la borrica y el pollino, echaron encima sus mantos, y Jesús se montó. La multitud alfombró el camino con sus mantos; algunos cortaban ramas de árboles y alfombraban la calzada. Y la gente que iba delante y detrás gritaba: «¡Hosanna al Hijo de David! ¡Bendito el que viene en nombre del Señor! ¡Hosanna en las alturas!». Al entrar en Jerusalén, toda la ciudad se sobresaltó preguntando: «¿Quién es este?». La multitud contestaba: «Es el profeta Jesús, de Nazaret de Galilea». 

Entró Jesús en el templo y echó fuera a todos los que vendían y compraban en el templo, volcó las mesas de los cambistas y los puestos de los vendedores de palomas. Y les dijo: «Está escrito: “Mi casa será casa de oración, pero vosotros la habéis hecho una cueva de bandidos”». Se le acercaron en el templo ciegos y cojos, y los curó. Pero los sumos sacerdotes y los escribas, al ver los milagros que había hecho y a los niños que gritaban en el templo «¡Hosanna al Hijo de David!», se indignaron y le dijeron: «¿Oyes lo que dicen estos?». Y Jesús les respondió: «Sí; ¿no habéis leído nunca: “De la boca de los pequeñuelos y de los niños de pecho sacaré una alabanza”?». Y dejándolos salió de la ciudad, a Betania, donde pasó la noche.

Mateo 21, 1-17

Explicación del icono

Preámbulo

Un año antes, Jesús había huido de las multitudes, cuando querían coronarle. Durante este año había hecho grandes signos y milagros propios de un profeta enviado por Dios, pero, sobre todo, la reciente resurrección de Lázaro había acrecido en el pueblo la sensación de que el Mesías tan esperado era Jesús, el hijo del carpintero. Su tercera subida a Jerusalén para celebrar la Pascua se hace en medio del mayor fervor popular. Quiere entrar como el Mesías prometido, para que se cumpla la profecía anunciada por Zacarías (9, 9):
“¡Salta de gozo, Sión; alégrate, Jerusalén!
Mira que viene tu rey, justo y triunfador,
pobre y montado en un borrico, en un pollino de asna”.

Explicación del icono

Cristo y sus dicípulos entran en Jerusalén en medio de la aclamación de la multitud. Él lo hace sentado sobre un pollino, bendiciendo a las personas que han salido a recibirle, mientras lleva girada hacia atrás su cabeza mirando a sus discípulos que lo siguen de cerca. En su mano izquierda porta el rollo de la Ley. En ese ambiente de aclamación es recibido por el pueblo con palmas de júbilo.

Vemos a varios niños en el icono con gestos muy variados: uno da de comer al animal; otro extiende una túnica para alfombrar su paso; un tercero está subido a un árbol cortando sus ramas para el agasajo popular.

Los personajes

Cristo

Está sentado en el asno, con la mirada muy seria que contrasta vivamente con el ambiente de fiesta que le recibe. Él sabe que sube a Jerusalén por última vez. Mira hacia  atrás, hacia sus discípulos. Sus manos recuerdan las presentaciones clásicas del Salvador y, así, mientras su mano derecha insinúa un gesto de bendición, porta el rollo de las escrituras en su mano izquierda.

Sus pies, en el ambiente que le rodea, son los que hacen exclamar a Isaías: “Qué hermosos son sobre los montes los pies del mensajero que proclama la paz, que anuncia la buena noticia, que pregona la justicia, que dice a Sión: «¡Tu Dios reina!»!” (Is 52, 7). Viste túnica de color rojo púrpura, símbolo del amor y la realeza divina, y manto azul, símbolo de su humanidad.

Está tocado con la aureola cruciforme propia de Él.

El árbol

Cristo y el árbol son el eje vertical del icono, la composición, junto con el pollino, que atrae la mirada y alrededor de la cual se configura  la escena total.

Por ello, no es difícil afirmar que el árbol del icono representa el  árbol de la Cruz, que le espera en Jerusalén. Cristo que sabe que ese es el final, más allá de la euforia popular que le recibe, presenta un gesto triste y severo.

El pollino

Con Cristo y el árbol, el burro sobre el cual Cristo entra en Jerusalén conforma la figuración central del icono. Era necesario que se cumpliesen las Escrituras y Jesús pide a sus discípulos que le faciliten el asno de la profecía de Zacarías (9, 9).

Los discípulos

Son el grupo de personajes que ocupan la mitad izquierda del icono, encabezados por Pedro, que mira a su maestro con gesto  preocupado. Este grupo es objeto de la mirada de Jesús.

Representan, por contraposición al grupo de la derecha, el pueblo nuevo que surgirá tras la pasión de Cristo.

Monte de los olivos

Remata por la parte superior la mitad izquierda de icono y es una figura de gran importancia histórica en la vida de Jesús. Segúnel texto evangélico reproducido antes, Jesús llegó a este monte en la víspera de la escena cuya fiesta celebra el icono: Cuando se acercaban a Jerusalén, por Betfagé y Betania, junto al monte de los Olivos.

El monte de los olivos es testigo de la escena inicial y será en él donde se precipitarán los acontecimientos del último día. Es dable pensar que durante toda la semana el monte de los olivos ofreciera el lugar donde Cristo y los discípulos convivieron.

El pueblo

Frente a Jesús, al lado derecho,  están los personajes que han salido de Jerusalén a recibirlo. Muestran gesto adusto, nada que pudiera reflejar el ánimo alegre que “a priori” parece corresponderles en su espera del Mesías. Aún con ramos en algunas manos, simbolizan el rechazo de fondo de Israel hacia el hijo del carpintero y presagian el destino fatal que espera a Jesús.

No todos gritan hosanna.“Otros miran a los discípulos y les mandan callar; pero si callan estos gritarán las piedras” (Lc 19, 39s). ya que no sólo aclaman los hombres,  “Porque la creación, expectante, está aguardando la manifestación de los hijos de Dios” (Rm 8, 19).

Edificios 

La parte superior derecha, en la posición simétrica a la que ocupa el Monte de los Olivos, aparece la ciudad de Jerusalén y, en medio de ella, la cúpula de la Iglesia del Santo Sepulcro.  El icono nos señala que el verdadero Templo definitivo es su propio cuerpo, tal como dijo: “Destruid este templo y yo lo levantaré en tres días”,  donde se ofrece el verdadero sacrificio, su propia persona.

Los ramos

Los ramos de oliva son señal universal de paz, de alegría. Con ellos se recibe a Cristo. 

Los niños

El icono nos hace ver qué verdad  encerraban las palabras de Jesús “Dejad que los niños se acerquen a mí”. Ellos, ajenos a la situación política o religiosa recogen la alegría genuina de los inocentes ante la llegada de Jesús. Es la reivindicación de las Bienaventuranzas, de los pacíficos, de los limpios de corazón.

Los niños entonces realizan la profecía del rey David: “De la boca de los niños de pecho | has sacado una alabanza contra tus enemigos para reprimir al adversario y al rebelde.» (Sal 8, 3)

Oración

Del Señor es la tierra y cuanto la llena, el orbe y todos sus habitantes:
él la fundó sobre los mares, él la afianzó sobre los ríos.
¿Quién puede subir al monte del Señor?
¿Quién puede estar en el recinto sacro?

El hombre de manos inocentes y puro corazón,
que no confía en los ídolos  ni jura con engaño.
Ese recibirá la bendición del Señor,
le hará justicia el Dios de salvación.

Esta es la generación que busca al Señor,
que busca tu rostro, Dios de Jacob.

¡Portones!, alzad los dinteles,  que se alcen las puertas eternales:
va a entrar el Rey de la gloria.
¿Quién es ese Rey de la gloria?
El Señor, héroe valeroso, el Señor valeroso en la batalla.

¡Portones!, alzad los dinteles, que se alcen las puertas eternales:
va a entrar el Rey de la gloria.
¿Quién es ese Rey de la gloria?
El Señor, Dios del universo, él es el Rey de la gloria.

Salmo 24