Icono de la aparición del ángel a las mujeres miróforas

Texto bíblico

«Pasado el sábado, María Magdalena, María la de Santiago y Salomé compraron aromas para ir a embalsamar a Jesús. Y muy temprano, el primer día de la semana, al salir el sol, fueron al sepulcro. Y se decían unas a otras: “¿Quién nos correrá la piedra de la entrada del sepulcro?”. Al mirar, vieron que la piedra estaba corrida y eso que era muy grande. Entraron en el sepulcro y vieron a un joven sentado a la derecha, vestido de blanco. Y quedaron aterradas. Él les dijo: “No tengáis miedo. ¿Buscáis a Jesús el Nazareno, el crucificado? Ha resucitado. No está aquí. Mirad el sitio donde lo pusieron”».

Marcos 16, 1-7

Explicación del icono

Está alboreando. Las mujeres van al sepulcro. Tienen en las manos óleos aromáticos y mirra para embalsamar el cuerpo de Jesús. Sus vestidos tienen colores crepusculares: las sombras de la noche están cediendo a la aurora. En el lado opuesto, un ángel con vestiduras doradas; en él se trasluce la luz del día sin ocaso que Cristo ha inaugurado. El mensajero celestial está sentado sobre la piedra que cerraba el sepulcro y que ha sido retirada.

En el centro, la tumba está vacía. La Vida ya no está allí. Como en la anunciación un ángel lleva la Buena Noticia: «¿Por qué buscáis entre los  muertos al que está vivo? No está aquí, ha resucitado» (Lc 24, 5). Las  mujeres reciben y custodian en la fe este anuncio. El ángel indica la tumba y las vendas mortuorias. Notamos aquí las analogías con la Natividad: la gruta oscura, el pesebre-sepulcro, las vendas que envolvían el cuerpo de Jesús… El misterio de la encarnación ha llegado a su cumplimiento. Se abre una nueva era: «De modo que nosotros desde ahora no conocemos a nadie según la carne; si alguna vez conocimos a Cristo según la carne, ahora ya no lo conocemos así. Por tanto, si alguno está en Cristo es una criatura nueva. Lo viejo ha pasado, ha comenzado lo nuevo» (2 Cor 5, 16-17).

Oración